viernes, 13 de octubre de 2017

EL SUICIDA



         Escribo estas líneas desde el respeto y la tristeza. Es algo que tengo dentro y que tengo que sacar.

Ayer estaba siendo un buen día, había estado empapándome de la diversidad de mi nueva ciudad. Estaba contento, casi dichoso. Pero todo se giró de una manera inesperada y dolorosa.

Volvía de ver en la Plaza de la Cebada unos desfiles multiculturales y en el camino de regreso pasaba por la calle Bailén dando un rodeo premeditado con el objetivo de seguir disfrutando del buen tiempo y de las sorpresas que la ciudad ofrece. Esta vez no fue nada buena, al revés, fue una de las peores de mi vida.

Al acceder al puente del Viaducto de Segovia me adelantó por la izquierda un chico joven. Me llamó la atención que tenía un abrigo verde con capucha cuando deberíamos rondar los 35 grados.
Tenía el pelo rubio oscuro de punta y barba de tres días. Unos treinta años, como mucho cuarenta. Altura media y atuendo que salvo por el abrigo antes mencionado no llamaría la atención de nadie.

Días antes paseaba por debajo de ese puente con un amigo que hacía de Cicerone. Me comentaba que a ese puente se le llama el puente de los suicidas porque han sido varias las personas que desde él se han arrojado al asfalto que hay debajo a una altura bastante grande. No sabría calcular pero andará por lo que vendría a ser un séptimo piso.
En este puente se rodó la famosa escena de Historias del Kronen donde varios de los protagonistas medían hombría.
Documentándome para este escrito pude comprobar que se produjeron otros muchos hechos luctuosos, como la vez en que un amigo arrastró a otro que quería impedir su suicidio. También una vez un cura evitó lo previsible convenciendo a un hombre de que "esa" no era la opción adecuada.



Para prevenir esta amplia tasa de suicidios se puso por el Ayuntamiento una barrera de cristal de considerable altura que dificultara notablemente el suceso.

Pues bien, ayer el hombre este del abrigo saltó esta barrera con bastante agilidad. Yo creía que tenía algo guardado al otro lado, alguna mochila o bolsa de pertenencias, y que lo tenía protegido y quería recuperarlo.
Por desgracia no era la hipótesis acertada. Más delante le vi que camina mirando para abajo, como viendo que no pasaran coches. Me quedé paralizado.

Estuve todo el día pensando en que si debería haberle gritado, haberle dicho algo que le hiciera cambiar de idea. Lo pasé realmente mal por no tener la capacidad de reaccionar ante tal hecho con la celeridad que era recomendable.

Metros más adelante se lanzó al vacío.

Tardé varios segundos en asimilar lo que había visto. No quería creerme que acababa de ver a un hombre quitarse la vida.
Bajé lo más rápido que pude y pude presenciar de lejos que ya había gente rodeando el cuerpo del infortunado. En breves minutos llegó la ambulancia y la policía. No tardaron nada. Enseguida montaron un dispositivo con una tienda de campaña portátil y acordonaron la zona. No sé si le habrán salvado, no sé si es mejor que no lo hayan hecho, no sé si las secuelas podrían ser peor que su deseo de no estar más entre nosotros. No sé nada en este momento. Sí que sé que su voluntad era la de quitarse la vida y no la de seguir viviendo.

No me quise acercar más, sé que no habría podido olvidar nunca esa escena. No sé mirar a la muerte a los ojos. No habría podido socorrerle, no a posteriori.

Desolado me senté en la ladera desde la que presenciaba todo con la mirada perdida y me puse a pensar sobre las causas que podían haber llevado a un hombre tan joven a quitarse la vida.
Se me vino a la cabeza un dato que había leído días antes que certificaba que morían más jóvenes de suicidio que de accidente de tráfico.
No, no veréis estos datos en la prensa, no interesa contar la verdad. Tampoco interesa exponer la cifra de desaparecidos, solo se dará difusión si vives en una urbanización que tengas de vecinos a ministros y expresidentes. Sobre los datos de la violencia machista ni hablamos.
Pensaba en los hechos políticos de los días anteriores, de como se apela a la Constitución para defender banderas y uniones territoriales y como se ignoran los derechos fundamentales de los individuos en TODAS las autonomías. Eso de dignidad en la vida, trabajo, casa, alimento, ropa, etc... Pensaba en los putos desahucios y en como la puta banca siempre gana en este casino llamado vida. Pensaba en el rescate bancario, en ese dinero regalado a los que más tienen.

Pensaba en el artículo 135 y no en el 155.

No entiendo a la gente, no entiendo las prioridades. Yo creo que habría que colapsar las calles para pedir DIGNIDAD y no solo para celebrar triunfos de la Roja o para pasear trapos de un color u otro, que para el caso me la trae al pairo, porque esto es un ajedrez donde los peones hacemos lo que quieren los reyes y las reinas, que encima suelen ser bastante mediocres. Mandan los mercados. Consentimos con la cabeza gacha.

Y hay gente que no se resigna a seguir viviendo en una vida en la que no ve salidas. Personas que por temas de salud, laborales, amorosos, económicos - o vaya usted a saber qué - escuchan lo que se les pasa por sus cabezas y se rinden decidiéndose tirar las cartas que les ha tocado jugar, renunciando a seguir jugando la partida.

Este joven de ayer lo hizo así.

No quiero culparme por poder haber hecho algo, no quiero culparle por haberse rendido, no quiero culpar a esta sociedad por ser tan deshumanizada y caníbal.
No quiero buscar culpables, solo quiero imaginar que las cosas se pueden cambiar y que hay que luchar por todo y por todos.

Deseo que nunca me falte la empatía y que las muertes nunca me dejen indiferente.
Al hombre de ayer le deseo paz.

2 comentarios:

LILIT dijo...

UF.....
No puedo decir más...
UF...
Sólo respiro.

Buscando mi equilibrio dijo...

Jo Carlos qué mal trago.... Tienes que estar todavía en estado de shock... qué mal rato .
Lo siento por ti, por el impacto visual y lo siento por el chico. Aún no llego a comprender cómo de desesperado te tienes que sentir para llegar a ese extremo. Qué lástima.
BEsos.