jueves, 6 de agosto de 2015

LAS CHICAS DEL SUPERMERCADO




El supermercado es uno de esos sitios que, por la reiteración de nuestras visitas, está expuesto a que encontremos rostros conocidos, que se nos vuelven familiares o que convertimos en cotidianos.
Yo acudo normalmente a un sitio donde muchas veces veo a dos personas.

La primera es una gitana rumana que pide en la puerta. Es joven (unos 30 años), educada, preciosa y siempre está sonriendo. Incluso recuerdo un día que tenía un problema de muelas y con una mano se agarraba la parte del flemón y con la otra intentaba sonreír, a sabiendas de que ese día no era sencillo.

Es una mujer que de no haber sido puteada con esa vida bien podría vivir de algo relacionado con la imagen. Tiene un pañuelo en la cabeza (la mayoría de las veces) que esconde una larga melena rubia oxigenada. Por lo que se vislumbra está bien cuidada. Es una chica fina.
Tiene un cuerpo bien proporcionado. Alguna vez la he visto comer cosas que la han dado.Es un detalle que me gusta. Conozco otros casos que sólo piden dinero y luego no va para ellas, esta chica tiene cierta personalidad aunque esté dentro de una "organización", cosa que no sé o no quiero saber.
Su cara refleja "calle", inteligencia, nostalgia, dulzura, dureza y resignación. 
Veo como muchas veces la saludan con cierta familiaridad los clientes habituales. 
Siempre he pensado que tiene una entrevista, que tiene mucho que contar. Es una idea que no descarto aunque tendré que gestionarlo con sumo cuidado.
De ser fotógrafo ya la habría retratado. Esos ojos dicen verdad.


La segunda es una mujer que me demuestra que la gente nunca está desahuciada
Es una persona que tiempo atrás tuvo problemas con adiciones, la cara es un reflejo de todo lo sufrido y su boca era espejo que gritaba que ahí se había consumido "caballo".
La veía por el barrio, haciendo eses y con cara de derrota.
Tiempo atrás he notado una metamorfosis maravillosa. Esa mujer que tenía pocas opciones de sacar la cabeza va perfectamente peinada, tiene dientes nuevos, lleva gafas de ver, modelos femeninos y elegantes y luce una contagiosa y maravillosa sonrisa que me ha hecho olvidar que esa mujer era la otra que conocía. Sólo he sacado ese recuerdo del cajón de lo olvidado para demostrar que el futuro lo labra uno solo.
Si no fuera por alguna cicatriz que todavía conserva en la cara, pero que cubre de manera digna con maquillaje, nadie diría que esa persona es la misma de unos meses atrás. 
No sé cómo ha llegado hasta donde está ahora, no sé quién le ha dicho que esos libros que lleva contienen vida, no sé quien le ofreció su mano...pero es un/a santo/a.
Tiene una entrevista, claro que la tiene, pero nunca se la haré. Este caso es diferente al anterior. 

Aquí se me demuestra que se puede salir de la mierda, en el otro se me demuestra que se puede vivir en la mierda con una sonrisa.
No creo que la segunda mujer necesite remover recuerdos, quizás la primera tampoco pero lo mismo abro unos ojos (algo achinados y azules) y logro que rompa una baraja que lo mismo tiene que romper, presuntamente. 

No sé, no quería sacar conclusiones, lo que quería era compartir con vosotros que en los supermercados, si te fijas, hay vida. Es como el metro, hay historias que están ahí para ser contadas, sólo requieren ojos que las detecten y las compartan.

Espero que tengan mucha suerte. 

5 comentarios:

awenforever dijo...

muy cierto , yo me encuentro de todo cada dia , hay muchas historias en la calle.
un besote

Carlos del B. Iglesias dijo...

Un besote, Pilar :)

Buscando-mi- equilibrio dijo...

En un supermercado y en cualquier parte, siempre hay inspiración.

Si puedes haz esas dos entrevistas, me encantaría leerlas.
Besos.

Reich TheCure dijo...

¡Hola!
Muy buena entrada. La verdad es que sería muy interesante leer una entrevista con la primera chica que sonríe a pesar de la vida que le ha tocado llevar.
¡Un saludo!

Carlos del B. Iglesias dijo...

Gracias, besos y saludos