Medioabro
los ojos. Todo está oscuro. Tengo un dolor de cabeza que me sugiere que la
cantidad de rones ingeridos la noche anterior quizás fue excesiva.
Desde
mi ubicación, una cama, puedo ver una puerta entreabierta desde donde se divisa
una luz.
A duras
penas llego a la puerta, con movimientos lentos
y torpes. Detrás de la puerta hay una cocina. Preciosa estética donde
predominan los blancos. También hay toques rojos…
No se
de quien es esa casa, tampoco me importa, tengo hambre. Del frigorífico saco
una jarra con algo que parece zumo de naranja. Rebusco en los armarios
colindantes y encuentro café de Brasil y algo de azúcar. Lo uno a la leche
existente cerca del zumo y a unos bollos, con buena pinta, que hay una mesa y
así me creo un desayuno.
Suele
pasarme esto de despertarme en casa ajena, siempre me repito eso de “debo
controlar más”, me miento, no me creo…
El
desayuno empieza a ser tomado. Desde mi silla, a la que me agarro con
dificultad, diviso un cuaderno con post-its. Lo ojeo, está lleno de dibujos
hechos con mucha fuerza, con mucha pasión, con mucho sentimiento. También hay
algunas fotos.
La
puerta de la habitación se abre y aparece una rubia de ojos azules que quita el
hipo.
Me
mira, sonríe y me dice:”hola Carlos”. Yo contesto educadamente obviando el
vocativo. Un flash me viene a la memoria…no tengo del todo claro lo que sucedió
la noche anterior, pero tiene buena pinta.
La rubia se mete al servicio. Sonrío
satisfecho, con la cara del placer del trabajo bien hecho (hipotéticamente).
La
puerta de la habitación se vuelve abrir y sale una morena voluptuosa, poco
tapada y con rasgos árabes. Me mira y me guiña un ojo. Me quedo paralizado,
confundido por la idílica escena que se me presenta.
Nervioso
busco entre las cosas del cuaderno información…y encuentro que todas las
ilustraciones están firmadas por Michelle Sánchez…
Lo
siguiente que recuerdo es estar en un sillón tumbado, con dolor de cabeza,
calor desmesurado en la frente, la televisión puesta con música celta y una
nota en la mesa que decía:
“Cuando
te mejores llámame, me encanta como escribes, sería un honor que escribieras
algo sobre mí”.
Yo, que
tengo la mala memoria de los caballeros, y que nunca me he atrevido a
preguntarla si sucedió algo esa noche o lo soñé, cumplo con mi compromiso moral
de escribirla una líneas, aunque solo sea por lo bueno que estaba su zumo de
naranja….
Michelle es una gran artista y una gran amiga. La admiro y quiero a partes iguales.
Para
ver parte de su obra y su fuerza…este es el camino…:
Michelle sacando su vena francesa








