miércoles, 11 de enero de 2012

EL DIA EN EL QUE FUI UN ANGEL


Era joven y hacía una de esas cosas que hacen los jóvenes, bueno, varias de esas cosas...pero a la que me refiero, en este concreto, es la de salir con los amigos a tomar unas copas (uso el plural para no faltar a la verdad).

Pues bien, caminábamos ,de garito en garito, cuando en el trayecto que unía dos bares ,con ofertas por consumo, nos encontramos a un indigente.
Suena mal esta palabra, pero es la que mejor refleja una cruda realidad social.

Nos paró sujetándonos por el sobrante del abrigo, era invierno, y nos comentó con lágrimas en los ojos
( unos ojos que reflejaban terror) que tenía miedo.
La verdad es que estábamos para poca actitudes generosas, de hecho, mantenernos en posición vertical era ya casi un logro, pero le escuchamos....

Nos contó , llorando, su historia vital. Dijo que trabajaba unas tierras, por Galicia creo recordar, y que su hija, su niña, había sido violada por el patrón. El ponía como excusa que era por ser pobres...
Era un hombre de unos 55 años, barba de varios días, ojos tristes, claros,con un blanco muy blanco rodeando su pupila, transmitían verdad....con mirada de buena gente.

No media más de 1, 70. Estaba ligeramente encorvado hacia adelante y era de complexión delgada. Se refugiaba del frío con un abrigo marrón a cuadros con toques verdes. En los pies, zapatillas deportivas de imitación, que una vez fueron blancas, pero que ahora se asemejaban al negro...

Al contar su historia mis amigos decidieron que era mejor ir al siguiente bar, ya que las penas de otros, a veces llegan, se comprenden, se asimilan, pero no se deben compartir, y que poco podían hacer... Yo me quedé a conversar con él.

Cuando le pregunté que porque su mirada señalaba miedo, el me dijo que había un grupo de jóvenes rapados, con banderas extrañas, que de vez en cuando iban por la noche y le golpeaban, y que esa noche estaba avisado de que iban a ir a por él.

No se si fruto de la ingesta de alcohol de mala calidad, no se si por una euforia cercana a la estupidez, no se si porque soy mejor persona de lo que me creo...me ofrecí a quedarme con el toda la noche.
Conversamos de mil cosas, era un hombre sabio, un trabajador de campo que se preocupó por saber, un buen marido y un buen padre (aunque el creía que no lo era, por no haber ajustado cuentas con su patrón-pedófilo).

Me quiso presentar a otros compañeros de la calle. Cada uno tenía su sitio asignado, sin más derecho que la costumbre, y nos desplazamos a un lugar no muy alejado de allí en la ribera del río. Le ayudé a llevar todas sus pertenencias, eran pocas. Podía haberlo llevado con una mano, pero para no darle sensación de carencia de posesiones,  las llevé con las dos.

Llegamos a la zona donde dormitaban otras personas en similar situación, me llamó la atención que los rostros, aunque reflejaban el paso del tiempo en la calle con dureza, eran rostros de gente feliz. Es difícil de explicar...no puedo hacerlo...

Me contaron historias..muchas...era gente interesante y con un pasado bastante común a la gente que conozco, lo que me hizo pensar que todos podíamos acabar igual...Esas historias nunca las he olvidado.
Mi amigo "sin techo" me apremió para que nos fuéramos al lugar donde el dormía, ya que si los "chavales" violentos iban y no le encontraban le molerían a palos al siguiente día. Eso explicaba las marcas de su cara.

Volvimos. Yo iba cagado, muy acojonado. Era preso de mis palabras, pero no podía irme, tenía que demostrar a esa gentuza que ese hombre no estaba solo...
Llegamos a su humilde morada, por decir algo, y esperamos....toda la noche..hasta que amaneció.

Nadie apareció. Yo dí gracias al Dios de los cristianos, ese mismo Dios que permitió que violaran a la hija de mi amigo. Este me dio gracias a mí. Llorando me dijo que gracias a mi no habían aparecido esos tipos...y que yo "era un ángel".

Le dí un abrazo, de esos que traspasan el alma...Me despedí haciéndome el duro....bajé la cabeza, miré el suelo, caminé unos pasos, me giré levemente...observándole de reojo..y allí estaba él...sonriendo....feliz dentro de su miseria...me miraba con cara de admiración.
Creo que , realmente, el pensaba que yo era un ángel...y ese día, puede, solo puede, que yo me lo creyera también....

4 comentarios:

Julio G. Martín dijo...

Triste y muy real.
Haces que uno se meta tanto en la historia, que al final me alegro de que no pegaran al hombrecillo y te doy las gracias por estar con él.
Un abrazo. Ponlo en mi cuenta ;)

CARLOS dijo...

Jaja..Si has leido el último mensaje del facebook que te he enviado...ya sabes que ese abrazo ,con cerveza de fondo, caerá pronto...


otro abrazo.. ponlo en la mía...

Cari dijo...

Eso de que las penas no se deben compartir que dijeron tus amigos...
No nos guste que nada nos salpique, menos mal que tú si te mojaste.

Un abrazo Carlos

Anónimo dijo...

Gracias por compartir y dar calor humano a quien nos necesita. Ojala tú ejemplo sirva de modelo y estímulo para hacer un mundo mejor encontrando al menos comprensión y compañía. Gracias amigo.